Radiolavozdecristo.com 2014

La preferida del pueblo de Dios 1430 AM

En esta parábola podemos encontrar la clave de la encarnación. Dios no se hace un hombre, sino que se hace hombre. El que juzga es el Hombre, el punto de contraste para valorar una vida humana es la similitud con Jesús “el Hombre”.


No tenemos que esperar ningún juicio que se me imponga desde fuera. Mis actitudes van manifestando en cada momento el grado de identificación con el modelo de Hombre. En la medida que me identifique con el modelo, me salvo; en la medida que me separe de él, me voy condenando.


No esperes a ser juzgado en un hipotético último día. Este evangelio te está juzgando ahora.

No se trata de esperar que Dios me recompense. No llegamos al Reino por hacer esto o dejar de hacer aquello, sino que nos inclinamos al necesitado porque hemos llegado al Reino. No es lo que hagas por Dios lo que te va a salvar. No nos hagamos ilusiones, si no te preocupas del otro, no estás en el Reino.


Hemos conseguido un cristianismo cómodo colocando a Dios en el cielo. Sería demasiado peligroso descubrir a Dios encarnado en cada uno de los seres humanos que nos rodean. Dios es encarnación y lo tenemos que descubrir en las criaturas. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

La pregunta de los rechazados deja bien claro que si hubieran descubierto la presencia de Dios en el necesitado, lo hubieran socorrido.

La imagen de Dios como rey de Israel se remonta a la época de la entrada en Palestina del pueblo judío. Para un nómada nada podía significar la idea de un rey; pero cuando entran en contacto con las estructuras sociales de la gente que vivía en ciudades, los israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas, como una traición. Desde entonces se va enriqueciendo esa idea y termina por ser la imagen clave para toda la apocalíptica. El final de la historia será un Reino de Dios que termina por sobreponerse a todos los demás.


Sólo en este contexto cultural podemos entender la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que le da es muy distinto. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y una victoria de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios, del que van a quedar excluidos los que se creían buenos y van a entrar las prostitu­tas, los pecadores, los marginados, etc. Los gentiles están llamados y muchos judíos quedarán fuera.


La característica fundamental del Reino predicado por Jesús es que ya está aquí. No hay que esperar un tiempo escatológico, sino que ya ha comenzado. "No se dirá ‘está aquí’ o ‘está allá’ porque, mirad, el reino de Dios está dentro de vosotros”. Esta idea desbarata todo montaje erróneo sobre el Reino de Dios.

No se trata de preparar un Reino para Dios, se trata de un Reino que es Dios. Se trata de hacer presente a Dios entre nosotros, con nuestra manera de actuar, pero después de haber descubierto la presencia de Dios en lo más hondo de nuestro corazón. Es un reinado del AMOR. No es un Reino de personas físicas, sino de actitudes vitales.


Cuando me acerco al que me necesita hago presente el Reino de Dios y cuando me preocupo de mí, pisoteando a los demás, excluyo de mi entorno el Reino de Dios.

Cuando Pilato le pregunta si es rey, contesta Jesús: “mi Reino no es de este mundo”. No quiere decir que vendrá después o que estará en otro lugar, sino que no tiene nada que ver con lo que se entiende por Reino.


Jesús es rey de sí mismo, alcanza la plenitud de humanidad y manifiesta el Reino de Dios.

El Reino de Dios, lo divino que hay en nosotros, es como una fuerza, un fermento, un alma y una luz que transforma mi realidad.


Mi yo tiene que desaparecer para que permanezca sólo la luz que antes me atravesaba. Consumición será igual a consuma­ción.

Después de lo dicho podemos comprender que no se trata de entronizar a Jesús ni antes ni después de morir. Lo que significa y encarna la figura de Jesús es lo que tiene que reinar entre nosotros.

Cuando decimos: reina la armonía, reina la paz, etc. estamos hablando de un ambiente envolvente que permite su desarrollo. Hablar del reinado de Cristo significa que su espíritu mueve nuestra existencia.  


Con relación al evangelio, después de haber hablado para su comunidad durante muchos capítulos, Mateo amplía ese marco y habla para todas las naciones. Los judíos creían que Dios les aceptaría a ellos y rechazaría a los paganos. Mateo hace otro planteamiento muy distinto: “pertenecen al Reino todos los que se han preocupado de los débiles”.

El Reino ‘que es Dios’ se hace plenamente presente cada vez que un ser humano actúa desde su verdadero ser. Lo hizo presente Jesús y lo hizo presente Teresa de Calcuta. Que el Reino se haga presente aquí y ahora, depende exclusivamente de ti. Todo ser humano que haya desplegado su verdadera humanidad hace presente el Reino. Lo único que se tiene en cuenta a la hora de valorar a un ser humano es su humanidad.


Esta parábola no necesita ninguna explicación. Sólo se debe tener en cuenta que se trata de un lenguaje escatológico que no podemos entender literalmente. Nos habla de un común denominador para todos los que quieran pertenecer al Reino.

La pertenencia al Reino no depende de una actitud religiosa, sino de una actitud vital con relación a los débiles. Lo único que se nos pide es la preocupación por el otro. No se nos preguntará si estoy bautizado, si he ido a misa, si he confesado, si he comulgado, si he creído todos los dogmas.

No queremos descubrir el significado del servicio al otro porque nos obligaría a vivir de otra manera.



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